El doloroso proceso del divorcio. ¿Es posible prevenir sus efectos destructivos?


El divorcio siempre es un proceso doloroso. Las parejas que lo transitan pueden proceder preservando a las personas involucradas o caer en divorcios destructivos que provoquen más daños de los estrictamente necesarios. Alertas para evitarlos.

La decisión de separarse genera un impacto profundo en la familia y en cada uno de sus miembros, produciendo angustias, inseguridades, desprotección e incertidumbre, pérdidas y cambios. Si bien no hay dos divorcios iguales, todos tienen en común el intenso dolor que los acompaña. El duelo por el divorcio demanda de dos a cuatro años aunque, paradójicamente, al mismo tiempo suele traer alivio por la esperanza de una vida mejor, de vivir más tranquilos, con menos sufrimiento, más dignidad o de construir una pareja más satisfactoria.

Algunos sienten el peso de criar a los hijos en soledad, otros el despojo de los hijos y la pérdida de la relación cotidiana con los hijos. Sentimientos de baja autoestima, de depresión generada por el rechazo, el cambio en los recursos económicos, generan ira o furia que puede llegar a la violencia física.

A que llamamos Divorcio Amigable

En un divorcio responsable y amigable los padres preparan a sus hijos y toman los recaudos necesarios para su bienestar. Pero sobre todo, es necesario que se respeten mutuamente en el desempeño de sus funciones como padre y de madre. Los hijos aceptan el divorcio de sus padres en la medida que pueden continuar su relación con ambos. Muchos ex cónyuges son capaces superar los viejos agravios y construir una relación de parentalidad cooperativa. Otros, en cambio, quedan estancados en la etapa de pre-divorcio, con un alto grado de discordia, de agresividad y deterioro emocional.

A que llamamos Divorcio Destructivo

La línea divisoria que separa los divorcios amigables de los divorcios destructivos pasa, precisamente, por la presencia y calidad de la coparentalidad. Establecemos una clara diferencia entre “pareja conyugal” y “pareja parental” El divorcio destructivo se caracteriza por la imposibilidad del cuidado conjunto de los hijos o sea la inoperancia de la pareja parental. Los hijos dejan de ser el foco de los esfuerzos conjuntos de ambos padres y cada progenitor compite con el otro tratando por su lado, de ser mejor que el otro.
La denigración y la hostilidad se hacen crónicas, la adjudicación de culpas al otro es permanente, falta conciencia en los ex cónyuges sobre su responsabilidad personal en lo sucedido y suele instarse entre ellos la necesidad de ganarle al otro a cualquier precio, incluso al extremo de usar los hijos en la batalla conyugal.
En este tipo de divorcios, la separación emocional de la pareja no se completa y, en lugar de con el paso del tiempo lograr la calma, se intensifica la hostilidad, se acrecienta el odio, la amargura y hasta el deseo de venganza, expresado en acciones tendientes a distanciar los hijos del ex cónyuge, sin pensar las consecuencias que esta conducta ocasiona.
Los hijos son usado de rehenes para obtener algún beneficio personal .Algunos progenitores logran reclutar a sus hijos para su propio bando, estimulándolos a que tomen partido y participen en una guerra que no les pertenece. Otros, se desligan de sus responsabilidades y otros condicionan el cumplimiento de la cuota alimentaria a las actitudes del ex cónyuge.
En este tipo de divorcios las diferencias se suelen dirimir en tribunales. Las demandas judiciales son moneda corriente. Participan abogados, defensores de menores, asistentes sociales, incluso el hospital o la policía. Frecuentemente la autoridad que deberían sostener de los padres, y que se diluye en las confrontaciones, es reemplazada por las decisiones de un juez. No pocas veces los acuerdos establecidos por la justicias son difíciles de sostener ya que algunas de las partes no está conforme, resolviendo cambios unilaterales que generan escaldas conflictivas.
En casos de maltrato físico o emocional a los hijos o al ex cónyuge se requieren medidas especiales de protección.
Es muy fácil caer en él y “quedar empantanados” en peleas permanentes. Sin embargo, se pueden buscar soluciones, sanar dolores y construir vínculos que permitan una coparentalidad sostenible por el bien de todos.
Muchas ex parejas necesitan ayuda profesional para recorrer el camino de una parentalidad adecuada después del divorcio. Ante estos síntomas es conveniente buscar ayuda para construir un vínculo sano que preserve a ex cónyuges y a hijos. Retrasar la consulta a un profesional, hace perder tiempos muy valiosos y sólo conduce a desgastar más los vínculos.

Características de un Divorcio Amigable

  • En el cuidado de los hijos se mantienen las funciones y roles de ambos padres.
  • Ambos ex cónyuges sienten dolor por las pérdidas y pueden reconocer su responsabilidad en la finalización del matrimonio.
  • Las peleas y desacuerdos forman parte de un modo de relacionarse sólo en el primer año de la separación.
  • Hay poca o ninguna involucración de la familia de origen y de amigos. Ellos no toman parte ni aconsejan.
  • Se organizan dos hogares con límites claros.
  • Pueden negociar u hacer acuerdos respecto a los hijos.
  • Reconocimiento de la propia responsabilidad en el divorcio.

Alertas de un Divorcio Destructivo:


  • Los ex cónyuges se relacionan a través de pelea permanente, que se prolongan por más de un año después del divorcio .Existen agravios al ex cónyuge y deseos de “ganarle” a toda costa.
  • Falta absoluta de reconocimiento de la propia responsabilidad en el divorcio.
  • Las funciones del padre y la madre como “pareja de padres” que cuidan ambos a sus hijos, son pobres, ineficientes o inexistentes.
  • Son frecuentes las situaciones judicializadas con personas involucradas (familiares o profesionales) con objetivos confrontativos, que obstaculizan las negociaciones y potencian la discordia.
  • Las partes no logran hacer acuerdos duraderos.